PERIODICO DEL SUDESTE

DICEN LOS MEDIOS: ANALISIS DE VAN DER KOOY EN CLARIN

“Si había alguna estrategia, la incineró con D´Elía”
Eduardo van der Kooy en el diario Clarín, de Ciudad de Buenos Aires:

El conflicto con el campo no escaló, entonces, como sostuvo en Parque Norte, por su condición de mujer. Cristina cosechó en octubre cientos de miles de votos en zonas rurales de provincias que la resistieron. Sirven como ejemplo los casos de Córdoba, donde perdió, y de Santa Fe, donde ganó por casi nada, justamente con los votos del interior.
El conflicto se fue incubando durante el gobierno de Kirchner que no tuvo, más allá de la percepción fiscalista, un plan estratégico y diferenciador para el agro. De otro modo resultaría difícil explicar algunas situaciones que se vieron. Si la rebelión del campo fue detonada sólo por el plan de retenciones móviles que impactó en la soja y el girasol, ¿cómo se entendería el respaldo masivo a la medida de los tamberos o de los productores de carne?
i

En el peronismo se descubrieron corcoveos cuando debió poner la cara para respaldar el plan de acción oficial hacia el campo. Esos corcoveos fueron patentes en el Senado. Hubo senadores que votaron a regañadientes el apoyo al plan y que lo criticaron con severidad en privado. Hubo senadores que prefirieron ausentarse o que se retiraron del recinto, como los de Santa Fe, Salta y Chaco. Hubo gobernadores que se vieron en figurillas, como Jorge Capitanich, del Chaco, y Juan Schiaretti, de Córdoba, para quedar bien con Dios y con el diablo. Pero hubo también algo que, en la instancia cumbre, los volvió incondicionales a Cristina y a Kirchner: no fue la queja del campo sino el repiqueteo de caceloras en algunas grandes ciudades. Ante el riesgo, el peronismo se abroquela.
Cristina brindó el jueves a la noche una señal nueva, inédita en la era kirchnerista. La señal fue moderada pero pareció agigantarse, en su valor político, frente a la tierra yerma que la precedió. Convocar al diálogo, referir a la humildad, hablar de puertas abiertas de la Casa Rosada, deberían ser tópicos comunes en democracia. Pero no lo son hoy en la Argentina.
Si alguna estrategia había en ciernes, acaba de incinerarla dándole a D’Elia el protagonismo que le dio. Lanzó al ex piquetero y funcionario a la calle para perseguir y silenciar la disidencia. Luego lo sentó a las espaldas de Cristina, en Parque Norte, mientras la Presidenta invocaba al diálogo, a la convivencia y al orden institucional. Tanta contradicción es indigerible para muchos argentinos.i

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Filed under: Dicen los medios, EDITORIALES DOMINGO CLARIN, EL CAMPO PROTESTA

DICEN LOS MEDIOS: ANALISIS DE VAN DER KOOY EN CLARIN

“Si había alguna estrategia, la incineró con D´Elía”
Eduardo van der Kooy en el diario Clarín, de Ciudad de Buenos Aires:

El conflicto con el campo no escaló, entonces, como sostuvo en Parque Norte, por su condición de mujer. Cristina cosechó en octubre cientos de miles de votos en zonas rurales de provincias que la resistieron. Sirven como ejemplo los casos de Córdoba, donde perdió, y de Santa Fe, donde ganó por casi nada, justamente con los votos del interior.
El conflicto se fue incubando durante el gobierno de Kirchner que no tuvo, más allá de la percepción fiscalista, un plan estratégico y diferenciador para el agro. De otro modo resultaría difícil explicar algunas situaciones que se vieron. Si la rebelión del campo fue detonada sólo por el plan de retenciones móviles que impactó en la soja y el girasol, ¿cómo se entendería el respaldo masivo a la medida de los tamberos o de los productores de carne?
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En el peronismo se descubrieron corcoveos cuando debió poner la cara para respaldar el plan de acción oficial hacia el campo. Esos corcoveos fueron patentes en el Senado. Hubo senadores que votaron a regañadientes el apoyo al plan y que lo criticaron con severidad en privado. Hubo senadores que prefirieron ausentarse o que se retiraron del recinto, como los de Santa Fe, Salta y Chaco. Hubo gobernadores que se vieron en figurillas, como Jorge Capitanich, del Chaco, y Juan Schiaretti, de Córdoba, para quedar bien con Dios y con el diablo. Pero hubo también algo que, en la instancia cumbre, los volvió incondicionales a Cristina y a Kirchner: no fue la queja del campo sino el repiqueteo de caceloras en algunas grandes ciudades. Ante el riesgo, el peronismo se abroquela.
Cristina brindó el jueves a la noche una señal nueva, inédita en la era kirchnerista. La señal fue moderada pero pareció agigantarse, en su valor político, frente a la tierra yerma que la precedió. Convocar al diálogo, referir a la humildad, hablar de puertas abiertas de la Casa Rosada, deberían ser tópicos comunes en democracia. Pero no lo son hoy en la Argentina.
Si alguna estrategia había en ciernes, acaba de incinerarla dándole a D’Elia el protagonismo que le dio. Lanzó al ex piquetero y funcionario a la calle para perseguir y silenciar la disidencia. Luego lo sentó a las espaldas de Cristina, en Parque Norte, mientras la Presidenta invocaba al diálogo, a la convivencia y al orden institucional. Tanta contradicción es indigerible para muchos argentinos.i

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Cristina sigue los pasos de Kirchner


El Gobierno buscó apurar algunos acuerdos para limitar expectativas sobre aumentos salariales. Moyano fue una pieza clave en ese plan. Los empresarios temen algún impacto inflacionario. El peronismo se abroquela con el matrimonio presidencial.
Por: Eduardo van der Kooy

Podrá discutirse, con mayor o menor certeza, si han existido cambios en el estilo de administrar el poder entre Cristina Fernández y Néstor Kirchner. Parece más difícil, en cambio, discutir otra cuestión: la Presidenta recurre a los mismos socios a que recurría su marido cuando vela por la estabilidad de su Gobierno y por un horizonte despojado de tormentas.

Hugo Moyano fue aliado del ex presidente y lo es ahora también de Cristina. El líder camionero se alejó de las críticas que lanzó contra la dama durante la transición del matrimonio Kirchner. La Presidenta está en un sentido político mejor arropada de lo que estuvo su antecesor: el peronismo se alinea un poco más cada semana con la futura conducción de Kirchner. Es decir, también con ella.

El Gobierno y el jefe de la CGT se intercambiaron favores. La discusión salarial pública había adquirido un vuelo peligroso para el poder por varias razones. Se barajaban aumentos muy por encima de las previsiones oficiales; la voz oficial asomaba ausente en ese revoleo; la inquietud empezaba a provocar escozores en el mundo empresario; quedaba en evidencia —sigue quedando— la confianza nula en los índices de inflación que el Gobierno defiende sin pudor.

¿Cuáles fueron los favores mutuos? La firma del convenio con Moyano atenuó los decibeles del debate y fijó una referencia —el 20% de aumento— para las paritarias que están por venir. Aunque esa referencia tampoco parece un límite inelástico. De hecho hay gremios —como el de la alimentación— que ahora mismo están negociando compensaciones salariales por el desfase inflacionario del 2007. Y que en abril irán por otro aumento similar, como mínimo, al de los camioneros. Otros sindicatos se plantan en un pedido del 30%.

Cristina recogió un beneficio adicional. Había pregonado la necesidad de que empresarios y sindicalistas se comportaran con moderación en la puja salarial. El primer reflejo le dio algo de razón. Aunque el mundo empresario observa con aprensión lo que sucede. Es el tercer año de subas salariales por encima del 20% y hay sectores productivos donde la rentabilidad se viene estrechando. Teme que algún traslado del incremento a los precios resulte inevitable. Ronda el fantasma de la inflación, pero el Gobierno recurre siempre a una receta para ahuyentarlo: la mano creativa de Guillermo Moreno, el secretario de Comercio y autor de los índices.

El verdadero rédito para la Presidenta fue político: por primera vez en su mandato apareció como protagonista de una pulseada de poder. Nunca resulta sencillo lidiar con los influyentes sindicatos. La foto junto a Moyano alumbró en el momento justo: cuando Eduardo Duhalde, desde el peronismo, y Elisa Carrió, desde la oposición, habían hablado sobre la existencia de un doble comando y de un vacío en la cima.

¿No sucedieron antes otras cosas? Claro que sucedieron. Cristina se había involucrado también, junto a Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, y Jorge Taiana, el canciller, en la distensión del vínculo con Washington luego del pico de histeria que produjeron las revelaciones alrededor de la valija indiscreta de Guido Antonini Wilson. Selló en persona la tregua con el embajador estadounidense Anthony Wayne. Pero Wayne no representa en la política doméstica el poder que exuda Moyano.

Veamos. La vida de Moyano parece circunscripta al dinero y al poder. Una cosa en su cabeza permanece enlazada con la otra. Brega ahora para que un nuevo gremio, de barrido y limpieza de Rosario, pase a depender de los camioneros. Ello implicaría más de un millar de nuevos afiliados y un enorme salto en las escalas salariales. El socialismo resiste porque significaría un fuerte desbalance en las cuentas municipales. Pero esa resistencia cuesta.

Justamente, la lejanía con las cosas líricas y la vecindad sólo con las cosas que se tocan indujo al camionero a aceptar la transa con el Gobierno. Se escondía en la negociación bastante más que una satisfacción salarial: la CGT está oteando también la reorganización peronista bosquejada por Kirchner. Los sindicalistas desempacaron la vieja idea de una representación proporcional en la futura conducción. El jefe de las 62 Organizaciones, Jerónimo Venegas, aludió al 33% como en los tiempos de apogeo del partido. El ex presidente se niega a escuchar esas sugerencias y, a través de un emisario, deslizó un mensaje a Moyano: “No tendrán ni una silla si no le aseguran tranquilidad a la Presidenta”, oyó el secretario general cegetista. No fue el único dirigente que hizo acuse de recibo: Gerardo Martínez, que conspiró contra Moyano, fue uno de los primeros en arrimar a su gremio, la UOCRA, a un convenio parecido al del camionero.

Cristina parece, respecto de esa cifra, menos transigente que Kirchner. La Presidenta siguió de cerca las tratativas ásperas con los docentes. El dilema no fue el porcentaje de aumento salarial: el conflicto fue que el Gobierno rechazó la pretensión de los maestros de incorporar en el texto del acuerdo una cláusula que recomiende a las provincias una revisión de los sueldos básicos. Los gobernadores pondrían el grito en el cielo porque deberían afrontar cualquier retoque con fondos genuinos. Ni Cristina ni Kirchner querrían enemistarse con los gobernadores y, menos todavía, tener que auxiliarlos con dinero extra. El matrimonio guarda un recuerdo que los consterna: fue la pulsación del básico la que detonó la prolongada y violenta crisis del año pasado en Santa Cruz, que rodeó a los docentes de adhesiones políticas inesperadas. Los maestros santacruceños son ahora los que más ganan en el país, pero la provincia no exhibe las arcas sólidas de tiempos pasados.

El trago amargo dejó en la pareja presidencial dos enseñanzas. Ninguna demanda salarial puede concederse a costa de afectar lo que para ellos constituye uno de los pilares de la economía, el superávit. Los arreglos con la vieja camada sindical son imprescindibles porque, gusten o no, esos dirigentes siguen formando parte del paisaje del poder en la Argentina. Pero sería prudente prestar atención además a otras corrientes gremiales. La CTA fogoneó aquellos días aciagos de Santa Cruz. Hace pocas semanas la Presidenta recibió a la conducción de esa central disidente. Un paso próximo podría ser el otorgamiento de la personería gremial que reclaman. Sólo quedarían fuera del sistema institucionalizado los gremios que responden a la izquierda intransigente y anárquica.

El matrimonio vivió el acuerdo con Moyano con la misma intensidad política que los números arrojados por el superávit fiscal de enero. En esos números no sólo sobresalió el incremento del 107% de la recaudación respecto del mismo mes del 2007. El gasto público apareció ahora 10 puntos por debajo de esa época. Entonces gobernaba Kirchner y amanecía un año electoral clave. Cristina y Kirchner convinieron hacer un anuncio con pompa, aunque el anuncio trasuntara los desbordes del pasado fresco. La vidriera fue para Martín Lousteau, el ministro de Economía.

Kirchner no parece ahora temerle tanto al pasado como le temía cuando aterrizó en el poder. Pensó varias veces, por eso mismo, enterrar al peronismo y sustituirlo por una transversalidad y una concertación que murieron en promesas. El peronismo vuelve a ser para él la herramienta con la cual ensayar el ordenamiento del sistema de partidos. En la lista negra van quedando cada vez menos dirigentes: Carlos Menem, Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá (Adolfo y Alberto).

Los barones bonaerenses estuvieron a pleno en el Congreso del viernes. El ex presidente ha transformado sus oficinas de Puerto Madero en una meca: el desfile de políticos es por allí, cada semana, incesante. Propios y ajenos. Uno de los visitantes fue Miguel Lifschitz, el intendente de Rosario. Cristina estará el martes en esa ciudad y la recibirá el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner. Será la cuarta reunión en dos meses entre la Presidenta y el jefe socialista.

Los dirigentes santafecinos se enteraron de una novedad. El matrimonio presidencial tiene pensado pedir la incorporación del PJ a la Internacional Socialista. En esa organización han estado históricamente el PS y los radicales argentinos. El peronismo tuvo vínculo con la Internacional Democristiana y con la Internacional Liberal durante la era menemista. Esas pertenencias concluyeron cuando llegó Duhalde.

Nadie sabe cómo responderá el partido al salto que proponen Cristina y Kirchner. Nadie sabe si habrá debates u objeciones por el serpenteo. Sólo hay pruebas de que el peronismo continúa con vida, queriendo amoldarse a los nuevos tiempos, tratando, como tantas veces en la historia, de mutar su caparazón.


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Política con contenidos

Por: Ricardo Kirschbaum
Fuente: EDITOR GENERAL DE CLARIN
Una de las equivocaciones habituales de los adalides de la “antipolítica”, una estrategia de marketing para acumular poder, es pensar que la función principal es ser un mero administrador más o menos eficiente de la cosa pública, en la que la gestión no responde a una política ni a una ideología. La idea de los “pospolíticos”, aquellos que vienen de otras canteras y que ven a los partidos y otras formas de representación como una antigüedad, es parangonar la política con lo más execrable de los políticos para justificar su estrategia.
La política es, y será, una herramienta para transformar la realidad. Arturo Frondizi, de cuya elección se cumplieron 50 años, fue uno de los pocos presidentes de la Argentina que tuvo en claro un proyecto y una acción en una época en la que la rigidez de los esquemas sólo dejaba un desfiladero peligroso para quienes, como él, se animaron a cambiar la realidad.
Frondizi ha sido uno de los presidentes más asediados de la historia. Fue el primero en sacar de la proscripción al peronismo, con un acuerdo audaz, y movilizar la riqueza nacional para lograr autonomía, en medio de la incipiente división del mundo por la Guerra Fría. Los militares, la derecha liberal y los sindicatos, una vez que se hundió el pacto con Perón, terminaron tumbando al gobierno frondizista.

Ahora, todos destacan su visión moderna y progresista.

Clarín ofrece hoy un suplemento completo sobre su gobierno. Se trata de un producto especial para revisar uno de los períodos más turbulentos y apasionantes del siglo pasado.
Cualquiera fuere la opinión que se tenga sobre su presidencia, hay que coincidir en que Frondizi puso ideas y políticas en acci
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Cristina sigue los pasos de Kirchner


El Gobierno buscó apurar algunos acuerdos para limitar expectativas sobre aumentos salariales. Moyano fue una pieza clave en ese plan. Los empresarios temen algún impacto inflacionario. El peronismo se abroquela con el matrimonio presidencial.
Por: Eduardo van der Kooy

Podrá discutirse, con mayor o menor certeza, si han existido cambios en el estilo de administrar el poder entre Cristina Fernández y Néstor Kirchner. Parece más difícil, en cambio, discutir otra cuestión: la Presidenta recurre a los mismos socios a que recurría su marido cuando vela por la estabilidad de su Gobierno y por un horizonte despojado de tormentas.

Hugo Moyano fue aliado del ex presidente y lo es ahora también de Cristina. El líder camionero se alejó de las críticas que lanzó contra la dama durante la transición del matrimonio Kirchner. La Presidenta está en un sentido político mejor arropada de lo que estuvo su antecesor: el peronismo se alinea un poco más cada semana con la futura conducción de Kirchner. Es decir, también con ella.

El Gobierno y el jefe de la CGT se intercambiaron favores. La discusión salarial pública había adquirido un vuelo peligroso para el poder por varias razones. Se barajaban aumentos muy por encima de las previsiones oficiales; la voz oficial asomaba ausente en ese revoleo; la inquietud empezaba a provocar escozores en el mundo empresario; quedaba en evidencia —sigue quedando— la confianza nula en los índices de inflación que el Gobierno defiende sin pudor.

¿Cuáles fueron los favores mutuos? La firma del convenio con Moyano atenuó los decibeles del debate y fijó una referencia —el 20% de aumento— para las paritarias que están por venir. Aunque esa referencia tampoco parece un límite inelástico. De hecho hay gremios —como el de la alimentación— que ahora mismo están negociando compensaciones salariales por el desfase inflacionario del 2007. Y que en abril irán por otro aumento similar, como mínimo, al de los camioneros. Otros sindicatos se plantan en un pedido del 30%.

Cristina recogió un beneficio adicional. Había pregonado la necesidad de que empresarios y sindicalistas se comportaran con moderación en la puja salarial. El primer reflejo le dio algo de razón. Aunque el mundo empresario observa con aprensión lo que sucede. Es el tercer año de subas salariales por encima del 20% y hay sectores productivos donde la rentabilidad se viene estrechando. Teme que algún traslado del incremento a los precios resulte inevitable. Ronda el fantasma de la inflación, pero el Gobierno recurre siempre a una receta para ahuyentarlo: la mano creativa de Guillermo Moreno, el secretario de Comercio y autor de los índices.

El verdadero rédito para la Presidenta fue político: por primera vez en su mandato apareció como protagonista de una pulseada de poder. Nunca resulta sencillo lidiar con los influyentes sindicatos. La foto junto a Moyano alumbró en el momento justo: cuando Eduardo Duhalde, desde el peronismo, y Elisa Carrió, desde la oposición, habían hablado sobre la existencia de un doble comando y de un vacío en la cima.

¿No sucedieron antes otras cosas? Claro que sucedieron. Cristina se había involucrado también, junto a Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, y Jorge Taiana, el canciller, en la distensión del vínculo con Washington luego del pico de histeria que produjeron las revelaciones alrededor de la valija indiscreta de Guido Antonini Wilson. Selló en persona la tregua con el embajador estadounidense Anthony Wayne. Pero Wayne no representa en la política doméstica el poder que exuda Moyano.

Veamos. La vida de Moyano parece circunscripta al dinero y al poder. Una cosa en su cabeza permanece enlazada con la otra. Brega ahora para que un nuevo gremio, de barrido y limpieza de Rosario, pase a depender de los camioneros. Ello implicaría más de un millar de nuevos afiliados y un enorme salto en las escalas salariales. El socialismo resiste porque significaría un fuerte desbalance en las cuentas municipales. Pero esa resistencia cuesta.

Justamente, la lejanía con las cosas líricas y la vecindad sólo con las cosas que se tocan indujo al camionero a aceptar la transa con el Gobierno. Se escondía en la negociación bastante más que una satisfacción salarial: la CGT está oteando también la reorganización peronista bosquejada por Kirchner. Los sindicalistas desempacaron la vieja idea de una representación proporcional en la futura conducción. El jefe de las 62 Organizaciones, Jerónimo Venegas, aludió al 33% como en los tiempos de apogeo del partido. El ex presidente se niega a escuchar esas sugerencias y, a través de un emisario, deslizó un mensaje a Moyano: “No tendrán ni una silla si no le aseguran tranquilidad a la Presidenta”, oyó el secretario general cegetista. No fue el único dirigente que hizo acuse de recibo: Gerardo Martínez, que conspiró contra Moyano, fue uno de los primeros en arrimar a su gremio, la UOCRA, a un convenio parecido al del camionero.

Cristina parece, respecto de esa cifra, menos transigente que Kirchner. La Presidenta siguió de cerca las tratativas ásperas con los docentes. El dilema no fue el porcentaje de aumento salarial: el conflicto fue que el Gobierno rechazó la pretensión de los maestros de incorporar en el texto del acuerdo una cláusula que recomiende a las provincias una revisión de los sueldos básicos. Los gobernadores pondrían el grito en el cielo porque deberían afrontar cualquier retoque con fondos genuinos. Ni Cristina ni Kirchner querrían enemistarse con los gobernadores y, menos todavía, tener que auxiliarlos con dinero extra. El matrimonio guarda un recuerdo que los consterna: fue la pulsación del básico la que detonó la prolongada y violenta crisis del año pasado en Santa Cruz, que rodeó a los docentes de adhesiones políticas inesperadas. Los maestros santacruceños son ahora los que más ganan en el país, pero la provincia no exhibe las arcas sólidas de tiempos pasados.

El trago amargo dejó en la pareja presidencial dos enseñanzas. Ninguna demanda salarial puede concederse a costa de afectar lo que para ellos constituye uno de los pilares de la economía, el superávit. Los arreglos con la vieja camada sindical son imprescindibles porque, gusten o no, esos dirigentes siguen formando parte del paisaje del poder en la Argentina. Pero sería prudente prestar atención además a otras corrientes gremiales. La CTA fogoneó aquellos días aciagos de Santa Cruz. Hace pocas semanas la Presidenta recibió a la conducción de esa central disidente. Un paso próximo podría ser el otorgamiento de la personería gremial que reclaman. Sólo quedarían fuera del sistema institucionalizado los gremios que responden a la izquierda intransigente y anárquica.

El matrimonio vivió el acuerdo con Moyano con la misma intensidad política que los números arrojados por el superávit fiscal de enero. En esos números no sólo sobresalió el incremento del 107% de la recaudación respecto del mismo mes del 2007. El gasto público apareció ahora 10 puntos por debajo de esa época. Entonces gobernaba Kirchner y amanecía un año electoral clave. Cristina y Kirchner convinieron hacer un anuncio con pompa, aunque el anuncio trasuntara los desbordes del pasado fresco. La vidriera fue para Martín Lousteau, el ministro de Economía.

Kirchner no parece ahora temerle tanto al pasado como le temía cuando aterrizó en el poder. Pensó varias veces, por eso mismo, enterrar al peronismo y sustituirlo por una transversalidad y una concertación que murieron en promesas. El peronismo vuelve a ser para él la herramienta con la cual ensayar el ordenamiento del sistema de partidos. En la lista negra van quedando cada vez menos dirigentes: Carlos Menem, Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá (Adolfo y Alberto).

Los barones bonaerenses estuvieron a pleno en el Congreso del viernes. El ex presidente ha transformado sus oficinas de Puerto Madero en una meca: el desfile de políticos es por allí, cada semana, incesante. Propios y ajenos. Uno de los visitantes fue Miguel Lifschitz, el intendente de Rosario. Cristina estará el martes en esa ciudad y la recibirá el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner. Será la cuarta reunión en dos meses entre la Presidenta y el jefe socialista.

Los dirigentes santafecinos se enteraron de una novedad. El matrimonio presidencial tiene pensado pedir la incorporación del PJ a la Internacional Socialista. En esa organización han estado históricamente el PS y los radicales argentinos. El peronismo tuvo vínculo con la Internacional Democristiana y con la Internacional Liberal durante la era menemista. Esas pertenencias concluyeron cuando llegó Duhalde.

Nadie sabe cómo responderá el partido al salto que proponen Cristina y Kirchner. Nadie sabe si habrá debates u objeciones por el serpenteo. Sólo hay pruebas de que el peronismo continúa con vida, queriendo amoldarse a los nuevos tiempos, tratando, como tantas veces en la historia, de mutar su caparazón.


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Política con contenidos

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Fuente: EDITOR GENERAL DE CLARIN
Una de las equivocaciones habituales de los adalides de la “antipolítica”, una estrategia de marketing para acumular poder, es pensar que la función principal es ser un mero administrador más o menos eficiente de la cosa pública, en la que la gestión no responde a una política ni a una ideología. La idea de los “pospolíticos”, aquellos que vienen de otras canteras y que ven a los partidos y otras formas de representación como una antigüedad, es parangonar la política con lo más execrable de los políticos para justificar su estrategia.
La política es, y será, una herramienta para transformar la realidad. Arturo Frondizi, de cuya elección se cumplieron 50 años, fue uno de los pocos presidentes de la Argentina que tuvo en claro un proyecto y una acción en una época en la que la rigidez de los esquemas sólo dejaba un desfiladero peligroso para quienes, como él, se animaron a cambiar la realidad.
Frondizi ha sido uno de los presidentes más asediados de la historia. Fue el primero en sacar de la proscripción al peronismo, con un acuerdo audaz, y movilizar la riqueza nacional para lograr autonomía, en medio de la incipiente división del mundo por la Guerra Fría. Los militares, la derecha liberal y los sindicatos, una vez que se hundió el pacto con Perón, terminaron tumbando al gobierno frondizista.

Ahora, todos destacan su visión moderna y progresista.

Clarín ofrece hoy un suplemento completo sobre su gobierno. Se trata de un producto especial para revisar uno de los períodos más turbulentos y apasionantes del siglo pasado.
Cualquiera fuere la opinión que se tenga sobre su presidencia, hay que coincidir en que Frondizi puso ideas y políticas en acci
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Cristina, bajo la óptica de Kirchner


CLARIN.COM/ El ex presidente habla de política y de este experimento inédito de poder matrimonial. Cristina empieza a seguir las posibles consecuencias de la crisis económica en EE.UU. Seguro que aquí tendrá efectos. Hay señales más claras sobre el conflicto con Uruguay.
Por: Eduardo van der Kooy
Néstor Kirchner acepta una conversación, pero esa conversación tiene algunas fronteras. Fronteras que, más allá de verdades, mentiras y ocultamientos, no habían existido durante sus cuatro años de ejercicio presidencial. La conversación se desarrolla también con una coreografía desusada: un bar moderno de Puerto Madero ubicado a metros de su cuartel político. Se pone de pie para saludar a un grupo de obreros que lo reconocen desde una construcción aledaña. Habla de política, de los partidos, incursiona en la oposición. Se distrae con Estados Unidos: “Lo veo bien a McCain (Jhon)”, dice sobre el candidato republicano. “Hillary no termina de acertar con la campaña”, añade acerca de la mujer de Clinton, la postulante demócrata. Pero fintea toda vez que sobrevuela un interrogante alrededor de la gestión de Cristina Fernández: “Pregúnteselo a ella”, evade.

Hace un esfuerzo para que las aguas no se mezclen. Afirma que todo lo que hace lo hace por ella. “Se habló mucho del acuerdo con Roberto. De quién ganaba y quién perdía. La que más ganó fue Cristina”, sentencia. ¿Por qué razón? “Porque puede ampliar la base de su Gobierno. El peronismo estará más compacto y se sumarán otros sectores. Roberto representa además el disenso dentro de una corriente general de pensamiento que compartimos”, explica. Algo repetido pero curioso: cuando habla de su ex ministro lo menciona siempre por su nombre.

No reniega de su propio beneficio político al haber agrandado la sombrilla de la futura conducción, pero marca también los beneficios de su viejo y nuevo socio: “Roberto ha vuelto al lugar en que debe estar. Es un hombre de opinión valiosa y se le abre de nuevo una posibilidad política. Esa posibilidad no existía si se quedaba donde estaba”, expresa. Entre tantas idas y vueltas queda un registro: ni después de la renuncia como ministro, ni durante la campaña electoral, cuando recibió críticas, Kirchner habló mal sobre Lavagna.

Tampoco parece preocupado porque su protagonismo mayor de lo esperado pueda afectar a Cristina. “Ella anda bien y maneja el poder de su Gobierno. Está al tanto de todo y ya lo estaba porque durante los cuatro años pasados permaneció a mi lado e intervino en las decisiones. Lo hizo discretamente. Ahora los papeles se invirtieron. Sucede que hace más de 30 años que estamos juntos y tenemos ideas similares. No hay conflicto, no se vaya a equivocar”, advierte.

Es cierto que se trata de una situación inédita, fuera de lo convencional. La Argentina exhibe épocas, en especial durante la vida de Juan Perón, donde el poder estuvo claramente dividido. Con gobiernos militares o democráticos. Ese poder converge en este tiempo en el matrimonio Kirchner. En una Presidenta que conserva las expectativas que la catapultaron. En un ex presidente que retornó al llano, habiendo podido jugar su reelección, con altos índices de simpatía popular. Habrá que ver si el experimento se ensambla con las necesidades de una mejora política e institucional que demanda la Nación.

Kirchner admite que algún daño pudo haberle ocasionado a su mujer. “Pero fue en la campaña. Quizás le haya restado votos el hecho de que fuera mi esposa. Algún sector de la sociedad no lo vio bien. Pero era el único camino posible en medio de la debilidad política del sistema”, afirma. Y lanza un desafío: “Deberemos mostrar con Cristina que también somos capaces de ordenar un partido y fomentar candidaturas al margen de nosotros”, dice.

Vuelve al regateo cuando se mencionan cuestiones de la gestión: “Cristina tuvo un buen comienzo. Pero tampoco se puede ser tan exigente. Gobernar es muy duro. Lo digo por experiencia. Hay que tener paciencia. Hay que saber esperar. No me refiero sólo a ella: también a Scioli (Daniel), a Macri (Mauricio) o a Binner (Hermes)”, reclama.

Cristina pone sobre sus espaldas los problemas y los conflictos. El problema que se empieza a elevar como una sombra que acecha, aunque la palabra oficial sostenga lo contrario, son las consecuencias de la crisis económica en Estados Unidos. Los efectos podrán ser más breves o más prolongados, superficiales o profundos. Pero esos efectos llegarán. Se comprende aquella acechanza y el temor que causa: sobre la mejora de la economía el matrimonio Kirchner logró edificar su reinado político.

La Argentina está, según el juicio de expertos ortodoxos y heterodoxos, en una posición más propicia que en tiempos precedentes para soportar los coletazos de la crisis. Martín Lousteau, el ministro de Economía, posee su diagnóstico: las crisis de los 90 (el tequila, Asia y la devaluación en Brasil) forzaron al gobierno de Carlos Menem a modificar sus estrategias apelando, indistintamente, al endeudamiento o a los ajustes fiscales. No sería necesario ahora un viraje: sólo el mantenimiento y la profundización de políticas actuales. ¿Cuáles?. El superávit fiscal, la estrategia monetaria y la inflación bajo control.

El superávit fiscal se alimenta, sobre todo, de la retención a las exportaciones y de los elevados precios de los commodities en el mercado internacional. Si la crisis estadounidense tuviera un pico recesivo pero resultara corta, aquel superávit podría estar a salvo. Si, aun menos virulenta, se estirara mucho tiempo habría que observar las consecuencias en Europa —donde la onda expansiva comienza a asomar— y, sobre todo, en China y la India, los motores del boom de la agroalimentación.

Esa incertidumbre ha inducido a la Presidenta a adoptar alguna precaución. Una mayor austeridad fiscal apuntalada por la reducción del gasto en base a un racionamiento de los subsidios. No existen indicios, en cambio, de que esté en repaso el modo en que la administración kirchnerista, de antes y de ahora, conduce sus planes sobre la evolución de los precios. El problema tiene múltiples facetas: el descalabro en el INDEC, las dudas que las estadísticas empezaron a sembrar en el exterior, el acoso que la oposición propina al Gobierno con ese tema, las distorsiones reales en la economía, la pérdida de confianza social y los reclamos salariales de los sindicatos que enfrentan paritarias pensando en los índices de inflación privados más que en los oficiales.

Hay una cuestión adicional. Guillermo Moreno ha sido el hombre que desde hace un año y medio ejecuta las medidas contra la inflación. El secretario de Comercio perdió la confianza de sectores políticos, empresarios y sociales. Pero retiene todavía la de Cristina y la de Kirchner. Se siguen analizando cambios metodológicos en el INDEC, que nunca se terminan de definir. La recuperación de la credibilidad en la estadísticas oficiales pareciera estéril sin un giro político previo del matrimonio presidencial.

Se advierten reflejos incontrastables de esas dos realidades que transitan el país. El Gobierno asegura que la inflación del 2007 estuvo debajo del 9% y vaticina para este año un 7,7%. Los gremios docentes arrancaron las paritarias con un reclamo del 35%. La mayoría de los sindicatos muestran una ambición similar, aunque luego bajen sus pretensiones. En el poder aceptan que la banda de discusión podría estar entre el 20% y el 25%. ¿Cómo se explica semejante elasticidad frente a los índices inflacionarios que pregona? La argumentación de que se tiende a recuperar el poder adquisitivo de los salarios, algo imprescindible, resulta insuficiente y débil.

Cristina esconde, en otro pleito, menos que Kirchner. Ratificó ante los asambleístas de Gualeguaychú que su Gobierno está dispuesto a acatar el fallo de la Corte de La Haya. Reiteró que no le agradan los bloqueos de los pasos fronterizos y desoyó otros pedidos llamativos de los manifestantes que agregarían brasas al fuego del problema. Tabaré Vázquez anunció una movida política en Uruguay y sacó de la Cancillería a un funcionario —Reynaldo Gargano— siempre áspero con la Argentina en la cuestión de la pastera. Ni las palabras de Cristina ni los gestos de Tabaré atisban una solución: pero ayudan, al menos, a armonizar los estados de ánimo.

Es probable que hasta que alumbre el fallo del Tribunal el conflicto no sufra cambios sustanciales. El interrogante aquí es saber cómo reaccionaría el Gobierno si el veredicto no resultara favorable y los asambleístas persistieran en su actitud. Reina el silencio en el poder. ¿Apostaría quizás al desgaste de los manifestantes que rechazan a Botnia? Esa estrategia encerraría un costo enorme, pondría en riesgo la normalidad del vínculo con Uruguay y desparramaría descrédito argentino por el mundo.

El conflicto con Uruguay ha provocado ya demasiado daño en las dos orillas. Las nuevas señales son alentadoras: falta todavía imaginar otras salidas políticas, atajos imaginativos. Cuanto antes.

Copyright Clarín 2008

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Cristina, bajo la óptica de Kirchner


CLARIN.COM/ El ex presidente habla de política y de este experimento inédito de poder matrimonial. Cristina empieza a seguir las posibles consecuencias de la crisis económica en EE.UU. Seguro que aquí tendrá efectos. Hay señales más claras sobre el conflicto con Uruguay.
Por: Eduardo van der Kooy
Néstor Kirchner acepta una conversación, pero esa conversación tiene algunas fronteras. Fronteras que, más allá de verdades, mentiras y ocultamientos, no habían existido durante sus cuatro años de ejercicio presidencial. La conversación se desarrolla también con una coreografía desusada: un bar moderno de Puerto Madero ubicado a metros de su cuartel político. Se pone de pie para saludar a un grupo de obreros que lo reconocen desde una construcción aledaña. Habla de política, de los partidos, incursiona en la oposición. Se distrae con Estados Unidos: “Lo veo bien a McCain (Jhon)”, dice sobre el candidato republicano. “Hillary no termina de acertar con la campaña”, añade acerca de la mujer de Clinton, la postulante demócrata. Pero fintea toda vez que sobrevuela un interrogante alrededor de la gestión de Cristina Fernández: “Pregúnteselo a ella”, evade.

Hace un esfuerzo para que las aguas no se mezclen. Afirma que todo lo que hace lo hace por ella. “Se habló mucho del acuerdo con Roberto. De quién ganaba y quién perdía. La que más ganó fue Cristina”, sentencia. ¿Por qué razón? “Porque puede ampliar la base de su Gobierno. El peronismo estará más compacto y se sumarán otros sectores. Roberto representa además el disenso dentro de una corriente general de pensamiento que compartimos”, explica. Algo repetido pero curioso: cuando habla de su ex ministro lo menciona siempre por su nombre.

No reniega de su propio beneficio político al haber agrandado la sombrilla de la futura conducción, pero marca también los beneficios de su viejo y nuevo socio: “Roberto ha vuelto al lugar en que debe estar. Es un hombre de opinión valiosa y se le abre de nuevo una posibilidad política. Esa posibilidad no existía si se quedaba donde estaba”, expresa. Entre tantas idas y vueltas queda un registro: ni después de la renuncia como ministro, ni durante la campaña electoral, cuando recibió críticas, Kirchner habló mal sobre Lavagna.

Tampoco parece preocupado porque su protagonismo mayor de lo esperado pueda afectar a Cristina. “Ella anda bien y maneja el poder de su Gobierno. Está al tanto de todo y ya lo estaba porque durante los cuatro años pasados permaneció a mi lado e intervino en las decisiones. Lo hizo discretamente. Ahora los papeles se invirtieron. Sucede que hace más de 30 años que estamos juntos y tenemos ideas similares. No hay conflicto, no se vaya a equivocar”, advierte.

Es cierto que se trata de una situación inédita, fuera de lo convencional. La Argentina exhibe épocas, en especial durante la vida de Juan Perón, donde el poder estuvo claramente dividido. Con gobiernos militares o democráticos. Ese poder converge en este tiempo en el matrimonio Kirchner. En una Presidenta que conserva las expectativas que la catapultaron. En un ex presidente que retornó al llano, habiendo podido jugar su reelección, con altos índices de simpatía popular. Habrá que ver si el experimento se ensambla con las necesidades de una mejora política e institucional que demanda la Nación.

Kirchner admite que algún daño pudo haberle ocasionado a su mujer. “Pero fue en la campaña. Quizás le haya restado votos el hecho de que fuera mi esposa. Algún sector de la sociedad no lo vio bien. Pero era el único camino posible en medio de la debilidad política del sistema”, afirma. Y lanza un desafío: “Deberemos mostrar con Cristina que también somos capaces de ordenar un partido y fomentar candidaturas al margen de nosotros”, dice.

Vuelve al regateo cuando se mencionan cuestiones de la gestión: “Cristina tuvo un buen comienzo. Pero tampoco se puede ser tan exigente. Gobernar es muy duro. Lo digo por experiencia. Hay que tener paciencia. Hay que saber esperar. No me refiero sólo a ella: también a Scioli (Daniel), a Macri (Mauricio) o a Binner (Hermes)”, reclama.

Cristina pone sobre sus espaldas los problemas y los conflictos. El problema que se empieza a elevar como una sombra que acecha, aunque la palabra oficial sostenga lo contrario, son las consecuencias de la crisis económica en Estados Unidos. Los efectos podrán ser más breves o más prolongados, superficiales o profundos. Pero esos efectos llegarán. Se comprende aquella acechanza y el temor que causa: sobre la mejora de la economía el matrimonio Kirchner logró edificar su reinado político.

La Argentina está, según el juicio de expertos ortodoxos y heterodoxos, en una posición más propicia que en tiempos precedentes para soportar los coletazos de la crisis. Martín Lousteau, el ministro de Economía, posee su diagnóstico: las crisis de los 90 (el tequila, Asia y la devaluación en Brasil) forzaron al gobierno de Carlos Menem a modificar sus estrategias apelando, indistintamente, al endeudamiento o a los ajustes fiscales. No sería necesario ahora un viraje: sólo el mantenimiento y la profundización de políticas actuales. ¿Cuáles?. El superávit fiscal, la estrategia monetaria y la inflación bajo control.

El superávit fiscal se alimenta, sobre todo, de la retención a las exportaciones y de los elevados precios de los commodities en el mercado internacional. Si la crisis estadounidense tuviera un pico recesivo pero resultara corta, aquel superávit podría estar a salvo. Si, aun menos virulenta, se estirara mucho tiempo habría que observar las consecuencias en Europa —donde la onda expansiva comienza a asomar— y, sobre todo, en China y la India, los motores del boom de la agroalimentación.

Esa incertidumbre ha inducido a la Presidenta a adoptar alguna precaución. Una mayor austeridad fiscal apuntalada por la reducción del gasto en base a un racionamiento de los subsidios. No existen indicios, en cambio, de que esté en repaso el modo en que la administración kirchnerista, de antes y de ahora, conduce sus planes sobre la evolución de los precios. El problema tiene múltiples facetas: el descalabro en el INDEC, las dudas que las estadísticas empezaron a sembrar en el exterior, el acoso que la oposición propina al Gobierno con ese tema, las distorsiones reales en la economía, la pérdida de confianza social y los reclamos salariales de los sindicatos que enfrentan paritarias pensando en los índices de inflación privados más que en los oficiales.

Hay una cuestión adicional. Guillermo Moreno ha sido el hombre que desde hace un año y medio ejecuta las medidas contra la inflación. El secretario de Comercio perdió la confianza de sectores políticos, empresarios y sociales. Pero retiene todavía la de Cristina y la de Kirchner. Se siguen analizando cambios metodológicos en el INDEC, que nunca se terminan de definir. La recuperación de la credibilidad en la estadísticas oficiales pareciera estéril sin un giro político previo del matrimonio presidencial.

Se advierten reflejos incontrastables de esas dos realidades que transitan el país. El Gobierno asegura que la inflación del 2007 estuvo debajo del 9% y vaticina para este año un 7,7%. Los gremios docentes arrancaron las paritarias con un reclamo del 35%. La mayoría de los sindicatos muestran una ambición similar, aunque luego bajen sus pretensiones. En el poder aceptan que la banda de discusión podría estar entre el 20% y el 25%. ¿Cómo se explica semejante elasticidad frente a los índices inflacionarios que pregona? La argumentación de que se tiende a recuperar el poder adquisitivo de los salarios, algo imprescindible, resulta insuficiente y débil.

Cristina esconde, en otro pleito, menos que Kirchner. Ratificó ante los asambleístas de Gualeguaychú que su Gobierno está dispuesto a acatar el fallo de la Corte de La Haya. Reiteró que no le agradan los bloqueos de los pasos fronterizos y desoyó otros pedidos llamativos de los manifestantes que agregarían brasas al fuego del problema. Tabaré Vázquez anunció una movida política en Uruguay y sacó de la Cancillería a un funcionario —Reynaldo Gargano— siempre áspero con la Argentina en la cuestión de la pastera. Ni las palabras de Cristina ni los gestos de Tabaré atisban una solución: pero ayudan, al menos, a armonizar los estados de ánimo.

Es probable que hasta que alumbre el fallo del Tribunal el conflicto no sufra cambios sustanciales. El interrogante aquí es saber cómo reaccionaría el Gobierno si el veredicto no resultara favorable y los asambleístas persistieran en su actitud. Reina el silencio en el poder. ¿Apostaría quizás al desgaste de los manifestantes que rechazan a Botnia? Esa estrategia encerraría un costo enorme, pondría en riesgo la normalidad del vínculo con Uruguay y desparramaría descrédito argentino por el mundo.

El conflicto con Uruguay ha provocado ya demasiado daño en las dos orillas. Las nuevas señales son alentadoras: falta todavía imaginar otras salidas políticas, atajos imaginativos. Cuanto antes.

Copyright Clarín 2008

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Desafíos para sostener el crecimiento

CLARIN.COM/ El crecimiento económico futuro dependerá, en una medida muy importante, de la expansión y renovación de la estructura existente en ámbitos estratégicos como el energético y el vial. También resultará muy significativo el fomento a las inversiones de bienes de capital en la industria y el campo. La promoción de inversiones en infraestructura y en la búsqueda y producción de recursos energéticos debe convertirse en una prioridad para las políticas públicas, a través de marcos adecuados y emprendimientos que coordinen esfuerzos privados y estatales.

El crecimiento económico se mantiene en tasas elevadas, pero este proceso origina una demanda energética adicional, a la cual se le suma el incremento del consumo particular. La actual estrategia de ahorro ha mostrado un cierto nivel de efectividad, ya que parece haber contribuido a la disminución del ritmo de incremento del consumo, pero el previsible crecimiento de la demanda industrial de energía obliga a que se incremente la capacidad de generación del sistema. El Gobierno aseguró que incrementará la oferta energética antes del invierno y es de esperar que no se registren problemas de abastecimiento y que se adopten medidas ante el anuncio de Bolivia de que no podrá hacer frente al incremento de demanda de gas por parte de nuestro país.

El crecimiento del 2007 fue el 8,7%, por lo cual el producto bruto interno ha cumplido cinco años consecutivos de ascenso y se ubica en un 25% por encima del récord alcanzado en 1998. En diciembre, el PBI creció un 9,4%, con respecto al mismo mes de 2006 y las primeras estimaciones privadas indican que durante enero se registró un incremento todavía mayor de la actividad, impulsado por la industria automotriz. Si bien todavía no se conocen las cifras oficiales de enero, es probable que la tasa sea una de las más elevadas en los últimos dos años. El arrastre de este nivel de expansión de la economía hace presumir que durante el conjunto del año se podrá registrar otra suba considerable del PBI.

Para sostener el crecimiento de la producción, los servicios y el consumo, así como el dinamismo de las exportaciones, es necesario que se promuevan y favorezcan las inversiones destinadas a la estructura productiva. En este sentido, un paso ha sido la media sanción, dada días pasados en el Senado de la Nación, a la ley de fomento a las inversiones de bienes de capital en la industria y para obras de infraestructura, la cual prevé beneficios impositivos e impulsa la protección ambiental a través de la “producción limpia”. El proyecto, que reemplaza a un régimen anterior vencido en setiembre, deberá ser tratado por Diputados y, de ser aplicado con transparencia, equidad y eficiencia en la asignación de los beneficios, podría brindar un marco para motorizar inversiones en distintas escalas, incluidas las empresas pequeñas y medianas.

El Estado debería ejercer una función activa en materia de orientación y promoción de las inversiones, planificando proyectos estratégicos y promoviendo la obtención de mayores recursos energéticos, optimizando el rendimiento de las partidas asignadas a obras. También es importante que se impulse el crecimiento y la mejora de la red vial, aspecto en el cual se registra un severo retraso a pesar de las obras en curso. El reordenamiento, la modernización y la extensión en términos razonables de la red ferroviaria también presenta una importancia estratégica. Además, hay otro aspecto que representa un desafío: para promover inversiones locales y externas, el Estado tiene que despejar obstáculos y construir un clima de creciente confianza para los negocios, simplificando la ingeniería legal y dotando de mayor transparencia a la actividad pública.

El importante crecimiento del PBI registrado en 2007 funda razonables expectativas de expansión de la actividad económica para este año. Para que pueda sostenerse este proceso sería necesario que se tracen políticas públicas destinadas a promover inversiones públicas y privadas en áreas clave como la energética, la vial y la ferroviaria.

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Inflación oficial y salarios


CLARIN.COM/ Por: Ricardo Kirschbaum
El Gobierno insiste que el año pasado el índice de precios creció menos del 9% y que este año sólo subirá poco más de 7%. Los gremios, en tanto, están pidiendo 35% de aumento de máxima. Se calcula que buscarán arreglar en una banda entre el 20% y 25%. En su Panorama Político, Eduardo Van der Kooy se pregunta con razón ¿cómo explicar semejante elasticidad frente a los índices que se pregona?
Se argumenta que hay un intento de recuperar poder adquisitivo —algo que es real— pero más que explicación el razonamiento parece una coartada para no admitir culpabilidad en el índice de inflación.

Los economistas ortodoxos comienzan a admitir con cierto desencanto que difícilmente este año el índice de precios perfore el 20%. Se nota ese desencanto —hay muchos que se han venido equivocando fiero— porque perciben que el apocalipsis anunciado no ocurrirá y porque el mundo externo en el que han depositado sus deseos está cerca de la explosión por errores groseros y una codicia obscena.

La credibilidad en las estadísticas es central para una política de Estado. Aunque haya resistencias en admitirlo, se han comenzado ya a diseñar nuevas formas de medir los precios. Si ya hay un nuevo modelo, es que el que ahora está en marcha no es confiable. Es una necedad no asumir el error cometido que fue mucho más serio de lo que agita la oposición de cualquier signo.

Clarín ha revelado ayer detalles del nuevo modelo que se intenta aplicar para los precios. Todavía hay dudas técnicas y políticas: ¿quién conducirá efectivamente las estadísticas? ¿Martín Lousteau, el ministro de Economía, o Guillermo Moreno, de directo acceso a Kirchner?


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Desafíos para sostener el crecimiento

CLARIN.COM/ El crecimiento económico futuro dependerá, en una medida muy importante, de la expansión y renovación de la estructura existente en ámbitos estratégicos como el energético y el vial. También resultará muy significativo el fomento a las inversiones de bienes de capital en la industria y el campo. La promoción de inversiones en infraestructura y en la búsqueda y producción de recursos energéticos debe convertirse en una prioridad para las políticas públicas, a través de marcos adecuados y emprendimientos que coordinen esfuerzos privados y estatales.

El crecimiento económico se mantiene en tasas elevadas, pero este proceso origina una demanda energética adicional, a la cual se le suma el incremento del consumo particular. La actual estrategia de ahorro ha mostrado un cierto nivel de efectividad, ya que parece haber contribuido a la disminución del ritmo de incremento del consumo, pero el previsible crecimiento de la demanda industrial de energía obliga a que se incremente la capacidad de generación del sistema. El Gobierno aseguró que incrementará la oferta energética antes del invierno y es de esperar que no se registren problemas de abastecimiento y que se adopten medidas ante el anuncio de Bolivia de que no podrá hacer frente al incremento de demanda de gas por parte de nuestro país.

El crecimiento del 2007 fue el 8,7%, por lo cual el producto bruto interno ha cumplido cinco años consecutivos de ascenso y se ubica en un 25% por encima del récord alcanzado en 1998. En diciembre, el PBI creció un 9,4%, con respecto al mismo mes de 2006 y las primeras estimaciones privadas indican que durante enero se registró un incremento todavía mayor de la actividad, impulsado por la industria automotriz. Si bien todavía no se conocen las cifras oficiales de enero, es probable que la tasa sea una de las más elevadas en los últimos dos años. El arrastre de este nivel de expansión de la economía hace presumir que durante el conjunto del año se podrá registrar otra suba considerable del PBI.

Para sostener el crecimiento de la producción, los servicios y el consumo, así como el dinamismo de las exportaciones, es necesario que se promuevan y favorezcan las inversiones destinadas a la estructura productiva. En este sentido, un paso ha sido la media sanción, dada días pasados en el Senado de la Nación, a la ley de fomento a las inversiones de bienes de capital en la industria y para obras de infraestructura, la cual prevé beneficios impositivos e impulsa la protección ambiental a través de la “producción limpia”. El proyecto, que reemplaza a un régimen anterior vencido en setiembre, deberá ser tratado por Diputados y, de ser aplicado con transparencia, equidad y eficiencia en la asignación de los beneficios, podría brindar un marco para motorizar inversiones en distintas escalas, incluidas las empresas pequeñas y medianas.

El Estado debería ejercer una función activa en materia de orientación y promoción de las inversiones, planificando proyectos estratégicos y promoviendo la obtención de mayores recursos energéticos, optimizando el rendimiento de las partidas asignadas a obras. También es importante que se impulse el crecimiento y la mejora de la red vial, aspecto en el cual se registra un severo retraso a pesar de las obras en curso. El reordenamiento, la modernización y la extensión en términos razonables de la red ferroviaria también presenta una importancia estratégica. Además, hay otro aspecto que representa un desafío: para promover inversiones locales y externas, el Estado tiene que despejar obstáculos y construir un clima de creciente confianza para los negocios, simplificando la ingeniería legal y dotando de mayor transparencia a la actividad pública.

El importante crecimiento del PBI registrado en 2007 funda razonables expectativas de expansión de la actividad económica para este año. Para que pueda sostenerse este proceso sería necesario que se tracen políticas públicas destinadas a promover inversiones públicas y privadas en áreas clave como la energética, la vial y la ferroviaria.

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Inflación oficial y salarios


CLARIN.COM/ Por: Ricardo Kirschbaum
El Gobierno insiste que el año pasado el índice de precios creció menos del 9% y que este año sólo subirá poco más de 7%. Los gremios, en tanto, están pidiendo 35% de aumento de máxima. Se calcula que buscarán arreglar en una banda entre el 20% y 25%. En su Panorama Político, Eduardo Van der Kooy se pregunta con razón ¿cómo explicar semejante elasticidad frente a los índices que se pregona?
Se argumenta que hay un intento de recuperar poder adquisitivo —algo que es real— pero más que explicación el razonamiento parece una coartada para no admitir culpabilidad en el índice de inflación.

Los economistas ortodoxos comienzan a admitir con cierto desencanto que difícilmente este año el índice de precios perfore el 20%. Se nota ese desencanto —hay muchos que se han venido equivocando fiero— porque perciben que el apocalipsis anunciado no ocurrirá y porque el mundo externo en el que han depositado sus deseos está cerca de la explosión por errores groseros y una codicia obscena.

La credibilidad en las estadísticas es central para una política de Estado. Aunque haya resistencias en admitirlo, se han comenzado ya a diseñar nuevas formas de medir los precios. Si ya hay un nuevo modelo, es que el que ahora está en marcha no es confiable. Es una necedad no asumir el error cometido que fue mucho más serio de lo que agita la oposición de cualquier signo.

Clarín ha revelado ayer detalles del nuevo modelo que se intenta aplicar para los precios. Todavía hay dudas técnicas y políticas: ¿quién conducirá efectivamente las estadísticas? ¿Martín Lousteau, el ministro de Economía, o Guillermo Moreno, de directo acceso a Kirchner?


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La política, a pedir de los Kirchner

Ha vuelto el debate sobre la necesidad de rehacer el sistema de partidos. El peronismo tomó la delantera. El matrimonio presidencial tiene ventaja sobre un arco opositor, en general, disgregado y condicionado. Elisa Carrió aparecería como una excepción.
Por: Eduardo van der Kooy

No hay ninguna noticia que desmienta que la Argentina sigue caminando el sendero temible de la crisis política. No se vislumbra tampoco el golpe de magia que pueda mejorarla. Pero hubo una noticia, mas allá de las valoraciones, que sacudió la prolongada modorra de los partidos, extraviados en su desorientación y asfixiados por el peso del poder que supo edificar en estos años Néstor Kirchner.

Aquella noticia fue el anuncio de la reorganización del peronismo y, en paralelo, el acuerdo entre el ex presidente y Roberto Lavagna. Veamos los efectos: un murmullo sonoro empezó a recorrer el PJ; un debate bien intenso está instalado en el radicalismo; Elisa Carrió se proclamó como única opositora aunque para coronar ese papel requerirá mucho más que de la voluntad y las palabras; el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, aventuró que el propio socialismo se debe una modernización; aún acurrucados enun silencio ex profeso, Mauricio Macri y Daniel Scioli quedaron como actores de ese teatro.

El gesto de Kirchner tuvo una sola interpretación: acentuó la impresión de que, aun desde el llano, continúa llenando de poder su puño. Esa ambición lo induce a cometer errores: lo fue convocar a su ex ministro de Economía a Olivos, no por reminiscencias con cualquier otro pacto político infeliz de la historia fresca, que no las tuvo, sino porque esa residencia y la Casa Rosada son las sedes políticas que identifican el poder actual de su esposa, Cristina Fernández.

Podrá decirse que la decisión del ex presidente contó también con una dosis de generosidad. Convocó a un dirigente que se opuso a Cristina en las elecciones de octubre y que basó su campaña en marcar los excesos de autoridad oficial, los desvíos económicos y la pronunciada cercanía de la Argentina a Hugo Chávez. El tiempo dirá si Kirchner apareó a su ex ministro para incluir dentro del peronismo las corrientes de disenso o simplemente para intentar silenciarlo.

El gesto de Lavagna, en cambio, encierra varias consideraciones. Hipotecó buena parte de su capital público porque nunca es bien visto que, de buenas a primeras, un opositor se resguarde en la sombra del poder. Lavagna sacó un buen caudal de votos en octubre —entró tercero, luego de Carrió—, pero esos votos se diseminaron el día después porque su alianza electoral hizo agua. Se quedó sólo con una modesta legión de peronistas; los radicales le dijeron con rapidez adiós. Su futuro no tenía demasiadas bifurcaciones: aceptaba la condena de la soledad o, aun corriendo riesgos, volvía al partido del cual nunca renegó.

La posibilidad de que enmiende su pérdida actual parece ligada a dos circunstancias. Que no resigne sus puntos de vista críticos sobre el Gobierno y que ayude a modelar otro partido, donde haya clima para el disenso y donde las visiones distintas no sean penadas con el marginamiento y la expulsión. ¿Seguiría siendo ése el peronismo que conoció la nación?.

El ex ministro apunta, como una referencia de deseo, la campaña de los demócratas en Estados Unidos. Hillary Clinton y Barack Obama se han cruzado acusaciones muy fuertes, pero uno estará alineado con el otro cuando en noviembre toque la batalla electoral contra los republicanos. “Las cosas que pensamos las vamos a seguir diciendo”, se atajó un político que no rompió su lealtad con Lavagna. Un ejemplo es lo que pasa en el INDEC.

La realidad le concede la razón a la oposición y deja al descubierto algunas gruesas equivocaciones del Gobierno. Esas equivocaciones no se vinculan sólo a los índices de inflación dudosos e increíbles, como el 0,9% de enero. También al descalabro en el organismo. Clyde Trabuchi, ex directora del INDEC con 30 años de antigüedad, fue desplazada en medio de la polémica sobre los índices. Acaba de ser designada, por votación, en el Instituto Interamericano de Estadística, que congrega a especialistas prestigiosos de la región.

Después del paso que dio con Lavagna, Kirchner medita otros. Pero se desliza sobre una cinta estrecha. Esa estrechez tiene que ver con la base política que amasó en estos años el ex presidente y que acompaña ahora la gestión de su mujer. Esos sectores no aceptarían convivir con un peronismo que recicle algunas de sus caras más ajadas. Carlos Menem y los hermanos Rodríguez Saá (Adolfo y Alberto) no tendrán ningún lugar. ¿Lo tendrá Eduardo Duhalde?. El también ex presidente ha dicho que no tiene intenciones de participar. Pero nadie lo imagina de brazos cruzados si el peronismo sale de su ostracismo. Celebró el regreso de Lavagna aunque fue reservadamente crítico sobre el ex ministro y su campaña. Lavagna supone que no habría razón para no tenerlo en cuenta.

Otros tendrían, quizás, menos fortuna. Un debate envuelve en el círculo íntimo del poder a Jorge Obeid y a Carlos Reutemann. Cristina siente alguna nostalgia por el último gobernador peronista de Santa Fe. Pero el PJ acaba de ser derrotado en esa provincia luego de 24 años. Rafael Bielsa fue designado como representante argentino en una corporación financiera regional. Asoma Agustín Rossi, el jefe del bloque de los diputados peronistas, de buena relación con Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, y suma ponderaciones el intendente de Rafaela, Omar Perotti.

José Manuel de la Sota, por ahora, no cuenta. Pero al gobernador Juan Schiaretti se lo incluiría en el proyecto de remozamiento partidario. También Jorge Capitanich, del Chaco, y Sergio Uribarri, de Entre Ríos, tendrían asegurada su presencia. Una sorpresa: no faltaría el caudillo salteño, Juan Carlos Romero, de larga militancia menemista, pero estaría además el actual gobernador, Juan Manuel Urtubey, que ganó con bendición del kirchnerismo.

El modo de reorganización del peronismo contempla también la alianza que el gobierno kirchnerista posee hoy con un grupo de mandatarios provinciales radicales. Uno de ellos, el mendocino Julio Cobos, es vicepresidente de la Nación, aunque se lo recuerde poco. Un peronismo demasiado rabioso haría imposible esa convivencia y afectaría la estructura sobre la cual descansa Cristina.

El desplazamiento de Lavagna hacia las playas oficiales renovó con mayor intensidad la crisis radical. El radicalismo ha perdido al dirigente que les permitió navegar, sin ahogarse, las aguas electorales de octubre. Ahora discuten cómo seguir sin dirigentes a la vista que les auguren una recuperación pronta. El titular del partido no ha tenido una reacción feliz, quizás despechado por el gesto de Lavagna de quien fue su socio de fórmula. Gerardo Morales sigue disparando amenazas contra los radicales K y cerrando las fronteras partidarias.

No se entiende tanto fastidio contra el PJ del dirigente de un partido que, desde la reconquista de la democracia, siempre coqueteó con su adversario. Raúl Alfonsín imaginó el tercer movimiento histórico, que no pudo plasmar. El propio ex presidente selló el pacto con Menem por la reforma constitucional. “Hay que abrir las puertas, no hay que cerrarlas”, decía uno de los dirigentes que promueve el perdón para los radicales K aunque permanezcan en las vecindades del Gobierno. Morales tiene sobre su cabeza una tormenta.

Ese dilema, con probabilidad, mantendrá al radicalismo estático y enmarañado y favorecerá los planes del Gobierno. El Gobierno presta atención presupuestaria a las gobernaciones radicales y a las numerosas intendencias que tiene en todo el país. Macri necesita también un tiempo de tregua, que tejió con Alberto Fernández, para afianzarse en una gestión que comenzó con buenas señales simbólicas, pero que empezará a tener otra exigencia de los porteños cuando concluya el verano. Por eso el ingeniero prefirió el silencio antes que balbucear algo sobre el acercamiento de Kirchner y Lavagna. Esas ataduras de sectores opositores también dejarían el camino allanado para los proyectos inmediatos de Carrió.

Scioli sufre un síndrome parecido al de Macri. La administración de la misteriosa Buenos Aires no le permite distracciones. El problema de la inseguridad rebrotó, como era de esperar. El gobernador representa un fenómeno que liga a peronistas disidentes con sectores no peronistas que se esperanzan con su hipotética oposición al matrimonio Kirchner en algún momento no lejano. Scioli abreva en el pragmatismo y la astucia. Sabe que solo no podrá gobernar. Habló con Kirchner y con Cristina, para conocer qué rumbo tomar, luego del acuerdo celebrado con Lavagna.

Así de controvertida, revuelta y precaria, la política argentina de este tiempo continúa siendo un atuendo ajustado al talle del matrimonio presidencial.

Copyright Clarín 2008″

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El desconcierto radical

“El desconcierto radical
Por: Ricardo Kirschbaum
Fuente: EDITOR GENERAL ADJUNTO DE CLARIN

La implosión del radicalismo ha provocado un serio desequilibrio en el sistema político. Actualmente, dirigentes de ese origen están desparramados en casi todas las variables políticas: desde la oposición más cerrada a los compañeros de ruta del oficialismo.

Esa curiosidad, que desconcierta a los observadores extranjeros ya complicados tratando de entender al peronismo, forma parte de la enorme diáspora radical. La pregunta es si esta desbandada es definitiva o si existe todavía la oportunidad de que la UCR se recupere.

El último tropiezo fue el acuerdo de Lavagna con Kirchner. La sorpresa para los radicales —y no radicales— ha sido enorme. Alfonsín, uno de los impulsores de la candidatura del ex ministro, tuvo que suspender una cena con Lavagna que se iba a hacer un día después de revelarse el acuerdo.

También se abrió una negociación con los radicales K para evitar una estampida hacia la Coalición de Carrió, por un lado, y a tratar de neutralizar la política de expulsiones que intenta aplicar Gerardo Morales, actual jefe formal del partido, con los díscolos. Morales ha sido candidato a vicepresidente de Lavagna y tampoco, a pesar de sus esfuerzos, hasalido bien parado de la crisis.

La “contención” que se trata de construir y el diálogo con los radicales K, revelado por Clarín, ha comenzado a crear algunos problemas en los sectores más ultras del kirchnerismo, quienes cuestionan a ciertos dirigentes radicales por la participación en esas negociaciones.

Los próximos meses serán vitales para la UCR. La recuperación de un partido en una crisis profunda es una tarea que requiere una estrategia adecuada y de una renovación de métodos y dirigentes. Ninguna de las dos condiciones parece estar en la agenda radical.”

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La política, a pedir de los Kirchner

Ha vuelto el debate sobre la necesidad de rehacer el sistema de partidos. El peronismo tomó la delantera. El matrimonio presidencial tiene ventaja sobre un arco opositor, en general, disgregado y condicionado. Elisa Carrió aparecería como una excepción.
Por: Eduardo van der Kooy

No hay ninguna noticia que desmienta que la Argentina sigue caminando el sendero temible de la crisis política. No se vislumbra tampoco el golpe de magia que pueda mejorarla. Pero hubo una noticia, mas allá de las valoraciones, que sacudió la prolongada modorra de los partidos, extraviados en su desorientación y asfixiados por el peso del poder que supo edificar en estos años Néstor Kirchner.

Aquella noticia fue el anuncio de la reorganización del peronismo y, en paralelo, el acuerdo entre el ex presidente y Roberto Lavagna. Veamos los efectos: un murmullo sonoro empezó a recorrer el PJ; un debate bien intenso está instalado en el radicalismo; Elisa Carrió se proclamó como única opositora aunque para coronar ese papel requerirá mucho más que de la voluntad y las palabras; el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, aventuró que el propio socialismo se debe una modernización; aún acurrucados enun silencio ex profeso, Mauricio Macri y Daniel Scioli quedaron como actores de ese teatro.

El gesto de Kirchner tuvo una sola interpretación: acentuó la impresión de que, aun desde el llano, continúa llenando de poder su puño. Esa ambición lo induce a cometer errores: lo fue convocar a su ex ministro de Economía a Olivos, no por reminiscencias con cualquier otro pacto político infeliz de la historia fresca, que no las tuvo, sino porque esa residencia y la Casa Rosada son las sedes políticas que identifican el poder actual de su esposa, Cristina Fernández.

Podrá decirse que la decisión del ex presidente contó también con una dosis de generosidad. Convocó a un dirigente que se opuso a Cristina en las elecciones de octubre y que basó su campaña en marcar los excesos de autoridad oficial, los desvíos económicos y la pronunciada cercanía de la Argentina a Hugo Chávez. El tiempo dirá si Kirchner apareó a su ex ministro para incluir dentro del peronismo las corrientes de disenso o simplemente para intentar silenciarlo.

El gesto de Lavagna, en cambio, encierra varias consideraciones. Hipotecó buena parte de su capital público porque nunca es bien visto que, de buenas a primeras, un opositor se resguarde en la sombra del poder. Lavagna sacó un buen caudal de votos en octubre —entró tercero, luego de Carrió—, pero esos votos se diseminaron el día después porque su alianza electoral hizo agua. Se quedó sólo con una modesta legión de peronistas; los radicales le dijeron con rapidez adiós. Su futuro no tenía demasiadas bifurcaciones: aceptaba la condena de la soledad o, aun corriendo riesgos, volvía al partido del cual nunca renegó.

La posibilidad de que enmiende su pérdida actual parece ligada a dos circunstancias. Que no resigne sus puntos de vista críticos sobre el Gobierno y que ayude a modelar otro partido, donde haya clima para el disenso y donde las visiones distintas no sean penadas con el marginamiento y la expulsión. ¿Seguiría siendo ése el peronismo que conoció la nación?.

El ex ministro apunta, como una referencia de deseo, la campaña de los demócratas en Estados Unidos. Hillary Clinton y Barack Obama se han cruzado acusaciones muy fuertes, pero uno estará alineado con el otro cuando en noviembre toque la batalla electoral contra los republicanos. “Las cosas que pensamos las vamos a seguir diciendo”, se atajó un político que no rompió su lealtad con Lavagna. Un ejemplo es lo que pasa en el INDEC.

La realidad le concede la razón a la oposición y deja al descubierto algunas gruesas equivocaciones del Gobierno. Esas equivocaciones no se vinculan sólo a los índices de inflación dudosos e increíbles, como el 0,9% de enero. También al descalabro en el organismo. Clyde Trabuchi, ex directora del INDEC con 30 años de antigüedad, fue desplazada en medio de la polémica sobre los índices. Acaba de ser designada, por votación, en el Instituto Interamericano de Estadística, que congrega a especialistas prestigiosos de la región.

Después del paso que dio con Lavagna, Kirchner medita otros. Pero se desliza sobre una cinta estrecha. Esa estrechez tiene que ver con la base política que amasó en estos años el ex presidente y que acompaña ahora la gestión de su mujer. Esos sectores no aceptarían convivir con un peronismo que recicle algunas de sus caras más ajadas. Carlos Menem y los hermanos Rodríguez Saá (Adolfo y Alberto) no tendrán ningún lugar. ¿Lo tendrá Eduardo Duhalde?. El también ex presidente ha dicho que no tiene intenciones de participar. Pero nadie lo imagina de brazos cruzados si el peronismo sale de su ostracismo. Celebró el regreso de Lavagna aunque fue reservadamente crítico sobre el ex ministro y su campaña. Lavagna supone que no habría razón para no tenerlo en cuenta.

Otros tendrían, quizás, menos fortuna. Un debate envuelve en el círculo íntimo del poder a Jorge Obeid y a Carlos Reutemann. Cristina siente alguna nostalgia por el último gobernador peronista de Santa Fe. Pero el PJ acaba de ser derrotado en esa provincia luego de 24 años. Rafael Bielsa fue designado como representante argentino en una corporación financiera regional. Asoma Agustín Rossi, el jefe del bloque de los diputados peronistas, de buena relación con Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, y suma ponderaciones el intendente de Rafaela, Omar Perotti.

José Manuel de la Sota, por ahora, no cuenta. Pero al gobernador Juan Schiaretti se lo incluiría en el proyecto de remozamiento partidario. También Jorge Capitanich, del Chaco, y Sergio Uribarri, de Entre Ríos, tendrían asegurada su presencia. Una sorpresa: no faltaría el caudillo salteño, Juan Carlos Romero, de larga militancia menemista, pero estaría además el actual gobernador, Juan Manuel Urtubey, que ganó con bendición del kirchnerismo.

El modo de reorganización del peronismo contempla también la alianza que el gobierno kirchnerista posee hoy con un grupo de mandatarios provinciales radicales. Uno de ellos, el mendocino Julio Cobos, es vicepresidente de la Nación, aunque se lo recuerde poco. Un peronismo demasiado rabioso haría imposible esa convivencia y afectaría la estructura sobre la cual descansa Cristina.

El desplazamiento de Lavagna hacia las playas oficiales renovó con mayor intensidad la crisis radical. El radicalismo ha perdido al dirigente que les permitió navegar, sin ahogarse, las aguas electorales de octubre. Ahora discuten cómo seguir sin dirigentes a la vista que les auguren una recuperación pronta. El titular del partido no ha tenido una reacción feliz, quizás despechado por el gesto de Lavagna de quien fue su socio de fórmula. Gerardo Morales sigue disparando amenazas contra los radicales K y cerrando las fronteras partidarias.

No se entiende tanto fastidio contra el PJ del dirigente de un partido que, desde la reconquista de la democracia, siempre coqueteó con su adversario. Raúl Alfonsín imaginó el tercer movimiento histórico, que no pudo plasmar. El propio ex presidente selló el pacto con Menem por la reforma constitucional. “Hay que abrir las puertas, no hay que cerrarlas”, decía uno de los dirigentes que promueve el perdón para los radicales K aunque permanezcan en las vecindades del Gobierno. Morales tiene sobre su cabeza una tormenta.

Ese dilema, con probabilidad, mantendrá al radicalismo estático y enmarañado y favorecerá los planes del Gobierno. El Gobierno presta atención presupuestaria a las gobernaciones radicales y a las numerosas intendencias que tiene en todo el país. Macri necesita también un tiempo de tregua, que tejió con Alberto Fernández, para afianzarse en una gestión que comenzó con buenas señales simbólicas, pero que empezará a tener otra exigencia de los porteños cuando concluya el verano. Por eso el ingeniero prefirió el silencio antes que balbucear algo sobre el acercamiento de Kirchner y Lavagna. Esas ataduras de sectores opositores también dejarían el camino allanado para los proyectos inmediatos de Carrió.

Scioli sufre un síndrome parecido al de Macri. La administración de la misteriosa Buenos Aires no le permite distracciones. El problema de la inseguridad rebrotó, como era de esperar. El gobernador representa un fenómeno que liga a peronistas disidentes con sectores no peronistas que se esperanzan con su hipotética oposición al matrimonio Kirchner en algún momento no lejano. Scioli abreva en el pragmatismo y la astucia. Sabe que solo no podrá gobernar. Habló con Kirchner y con Cristina, para conocer qué rumbo tomar, luego del acuerdo celebrado con Lavagna.

Así de controvertida, revuelta y precaria, la política argentina de este tiempo continúa siendo un atuendo ajustado al talle del matrimonio presidencial.

Copyright Clarín 2008″

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El desconcierto radical

“El desconcierto radical
Por: Ricardo Kirschbaum
Fuente: EDITOR GENERAL ADJUNTO DE CLARIN

La implosión del radicalismo ha provocado un serio desequilibrio en el sistema político. Actualmente, dirigentes de ese origen están desparramados en casi todas las variables políticas: desde la oposición más cerrada a los compañeros de ruta del oficialismo.

Esa curiosidad, que desconcierta a los observadores extranjeros ya complicados tratando de entender al peronismo, forma parte de la enorme diáspora radical. La pregunta es si esta desbandada es definitiva o si existe todavía la oportunidad de que la UCR se recupere.

El último tropiezo fue el acuerdo de Lavagna con Kirchner. La sorpresa para los radicales —y no radicales— ha sido enorme. Alfonsín, uno de los impulsores de la candidatura del ex ministro, tuvo que suspender una cena con Lavagna que se iba a hacer un día después de revelarse el acuerdo.

También se abrió una negociación con los radicales K para evitar una estampida hacia la Coalición de Carrió, por un lado, y a tratar de neutralizar la política de expulsiones que intenta aplicar Gerardo Morales, actual jefe formal del partido, con los díscolos. Morales ha sido candidato a vicepresidente de Lavagna y tampoco, a pesar de sus esfuerzos, hasalido bien parado de la crisis.

La “contención” que se trata de construir y el diálogo con los radicales K, revelado por Clarín, ha comenzado a crear algunos problemas en los sectores más ultras del kirchnerismo, quienes cuestionan a ciertos dirigentes radicales por la participación en esas negociaciones.

Los próximos meses serán vitales para la UCR. La recuperación de un partido en una crisis profunda es una tarea que requiere una estrategia adecuada y de una renovación de métodos y dirigentes. Ninguna de las dos condiciones parece estar en la agenda radical.”

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