Juventud divino tesoro!!
Por Verónica Braccone
nadieesperfectoradio.blogspot.com
La muerte de una persona joven siempre golpea en lo más profundo del ser humano. Es una vida que queda trunca, una llaga familiar que no sana y varios porqué sin respuesta.
A nivel mundial, y en la Argentina específicamente, las primeras tres causas de muerte de jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 15 a 25 años son los accidentes de tránsito, los homicidios y los suicidios.
Nuestra ciudad no ha estado excluida de estas problemáticas que afectan al mundo de hoy.
En lo que va del año 13 personas, en su mayoría jóvenes tomaron la drástica determinación de terminar con sus vidas según datos proporcionados por el Servicio de Asistencia al Suicida en nuestro distrito.
Hace unos días una escalofriante encuesta encargada por el ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo, encendió una luz de alarma. El 35% de los adolescentes y jóvenes de entre 15 y 20 años que vive en el Conurbano y no estudia ni trabaja cree que dentro de cinco años va a estar "muerto".
Lo más preocupante es que esa visión negativa del futuro no es abstracta, sino que la tienen basándose en hechos concretos ocurridos a su alrededor, como la muerte de un familiar, amigo o conocido del barrio en un hecho delictivo o por el consumo de ‘paco’".
El informe destaca en ese sentido que los jóvenes "perciben que en esta sociedad no se vislumbran propuestas mejores para su generación y para las generaciones siguientes, donde las decisiones que se pueden tomar son, en el mejor de los casos, a mediano plazo”.
No hace mucho tiempo el matutino local Ecos Diarios, difundió un trabajo de investigación de la propia Dirección de la Juventud en el que se advertía que en nuestro medio uno de cada diez jóvenes no trabaja ni estudia.
En el resto de la Provincia de Buenos Aires y según datos difundidos por el Ministerio de Trabajo, uno de cada tres desocupados es joven de entre 18 y 24 años. La desocupación en ese segmento alcanza el 21,6 por ciento, casi el triple que el nivel general de la población económicamente activa. Las madres jóvenes figuran como inactivas porque no pueden salir a buscar trabajo ya que no tienen guarderías públicas que les cuiden los chicos. Si se suman esos ítems, la desocupación juvenil ronda el 40 por ciento.
El 61,3 por ciento de los jóvenes que tienen trabajo está en negro. La mayoría de los que sufren ese estado se encuentra dentro del 30 por ciento más pobre de la población. Pero ahí no termina el problema: los jóvenes de entre 18 y 24 son el único segmento en el que la desigualdad sigue creciendo, en vez de disminuir.
De más esta decir que en nuestro distrito se calcan los niveles de desocupación, subocupación y las mismas problemáticas que aquejan a la provincia. Según la investigación a la que hacíamos referencia, 1.200 jóvenes necochenses andan dando vueltas por la vida sin desarrollar actividades laborales o de estudio, que además son cables a tierra, lo que implica un problema de imprevisibles consecuencias, no sólo para esos jóvenes, sino para la sociedad en su conjunto ahora y a futuro.
Con los datos de la realidad en la mano solo queda preguntarse qué medidas se están tomando para paliar esta situación (sobre todo en Necochea, que es el pedacito del mundo que podemos modificar) y exigir un debate real y por lo tanto duro y sin hipocresías ni medias palabras que ayuden a la implementación de políticas públicas que den respuestas eficientes y concretas a una franja de la población que las pide a gritos.



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